La situación política en Venezuela ha llevado a Vox a replantear su estrategia internacional, buscando un equilibrio entre las posturas de Donald Trump y Marine Le Pen. Tras la captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, Santiago Abascal, líder de Vox, expresó su satisfacción, afirmando que el mundo era «un poco más libre». Sin embargo, este apoyo a la intervención estadounidense se complica con la nueva posición de Delcy Rodríguez, quien ha sido designada como líder del país por la administración de Trump, lo que genera tensiones dentro del partido.
En este contexto, Vox ha defendido la soberanía de las naciones, alineándose con la postura de Le Pen, quien critica la intervención estadounidense y aboga por el respeto a la soberanía nacional. A pesar de estas contradicciones, Vox sostiene que su enfoque es el más coherente entre los partidos españoles, argumentando que la excarcelación de presos políticos es crucial para la recuperación de la democracia en Venezuela. Además, la relación con la opositora María Corina Machado se ha vuelto compleja tras su exclusión del liderazgo por parte de Trump, lo que añade otra capa de dificultad a la narrativa de Vox en el ámbito internacional.
