La minería asturiana vuelve a ser escenario de una tragedia, esta vez en el yacimiento de Tyc Narcea, ubicado en Vega de Rengos, Cangas del Narcea. El 21 de noviembre de 2025, dos trabajadores perdieron la vida tras un derrumbe que se produjo mientras realizaban labores en el interior de la mina. Este suceso se suma a la larga lista de accidentes que han marcado la historia de la minería en la región, generando un profundo dolor y preocupación entre las comunidades afectadas.
Los fallecidos, Anilson Soares de Brito, de 42 años, originario de Cabo Verde, y Óscar Díaz Rodríguez, de 32 años, de Posada de Rengos, quedaron atrapados en el segundo nivel de la mina tras el hundimiento. La alerta se dio a las 16:58 horas, cuando un compañero de trabajo logró comunicarse con los servicios de emergencia, informando que al menos dos personas estaban atrapadas a un kilómetro y medio de la entrada de la explotación.
El operativo de rescate se activó de inmediato, movilizando a diversas unidades de emergencia, incluyendo ambulancias, bomberos y la Brigada de Salvamento Minero. A pesar de los esfuerzos, la situación se tornó crítica. A las 19:45 horas, se confirmó el fallecimiento de Óscar Díaz, cuyo cuerpo fue encontrado por los rescatadores. La noticia causó un profundo impacto en la familia y amigos, quienes se encontraban a la espera de información en la superficie.
Poco después, los equipos de rescate se centraron en localizar a Anilson Soares. Su cuerpo fue encontrado más tarde, pero la evacuación se complicó debido a las condiciones del terreno y la magnitud del derrumbe. Más de treinta personas trabajaron arduamente para liberar su cuerpo, que finalmente fue recuperado pasadas las 23:30 horas.
Este trágico accidente no es un hecho aislado. En los últimos años, la minería asturiana ha sido escenario de varios incidentes fatales. En enero de 2025, cinco operarios perdieron la vida en un accidente en Cerredo, lo que ha generado un creciente debate sobre la seguridad en las minas y las condiciones laborales de los trabajadores del sector. La situación ha llevado a muchas familias a cuestionar la seguridad de sus seres queridos que trabajan en estas explotaciones.
El derrumbe en la mina de Vega de Rengos se produjo en una zona crítica, conocida como la rampa, que conecta diferentes galerías. Las primeras informaciones indicaron que podría haber más personas atrapadas, lo que aumentó la urgencia del rescate. Sin embargo, la falta de comunicación con los mineros atrapados complicó aún más la situación, generando una atmósfera de incertidumbre y angustia entre los familiares y amigos de los trabajadores.
Juan Antonio Fernández Coaña, responsable de Tyc Narcea, expresó su dolor ante la tragedia, calificándola como «una desgracia muy grande». La mina, que se dedica a la extracción de antracita, había pasado su última inspección el jueves anterior al accidente, lo que generó preguntas sobre la seguridad de las instalaciones y la gestión de riesgos en el lugar.
La comunidad minera de Asturias ha estado en el centro de un debate sobre la seguridad laboral y las condiciones de trabajo. La Brigada Central de Salvamento Minero, que se activó para el rescate, enfrenta su propia incertidumbre debido a conflictos laborales que han puesto en jaque su continuidad. A pesar de estos desafíos, los brigadistas no dudaron en acudir a la zona del accidente para intentar salvar vidas.
La tragedia ha reabierto heridas en la comunidad, especialmente para la familia de Anilson Soares, quien ya había sufrido la pérdida de un hermano en un accidente minero en 2007. Este tipo de incidentes no solo afectan a las víctimas directas, sino que también dejan una huella profunda en las comunidades que dependen de la minería como fuente de empleo y sustento.
El Principado de Asturias ha reiterado su compromiso con la seguridad en las minas, asegurando que la explotación de Vega de Rengos cuenta con todos los permisos necesarios para operar. Sin embargo, la repetición de estos accidentes plantea serias dudas sobre la efectividad de las regulaciones y la vigilancia en el sector minero. La comunidad espera respuestas y acciones concretas que garanticen la seguridad de los trabajadores y eviten que tragedias como esta se repitan en el futuro.
La situación actual en la minería asturiana es un recordatorio de los riesgos que enfrentan los trabajadores en su día a día. La búsqueda de un equilibrio entre la actividad económica y la seguridad laboral es un desafío que requiere atención urgente por parte de las autoridades y la sociedad en su conjunto. La memoria de los trabajadores caídos debe servir como un llamado a la acción para mejorar las condiciones laborales y garantizar un entorno seguro para todos los que trabajan en la minería.
