La reciente declaración de un supervisor del teléfono de Emergencias 112 ha arrojado luz sobre la gestión de la crisis provocada por la dana en Catarroja el pasado 29 de octubre. Néstor García, quien trabaja para la empresa Ilunion, responsable del servicio del 112, testificó ante la jueza y el fiscal, confirmando que a las 13:30 horas ya se estaban realizando rescates en áreas donde no estaba lloviendo. Este hecho ha generado inquietud entre los responsables de Emergencias, quienes se reunieron con García y otros altos funcionarios para discutir la situación crítica que se estaba desarrollando.
La declaración de García se centra en el seguimiento de las llamadas al 112 y en cómo se gestionó la información sobre las lluvias en localidades como Buñol, Cheste y Chiva. A pesar de que en algunas zonas no se registraban precipitaciones, el supervisor destacó que el agua estaba fluyendo a través de barrancos y ramblas hacia pueblos de l’Horta Sud, como Aldaia y Quart de Poblet. Este fenómeno fue motivo de preocupación y discusión entre los responsables de Emergencias, quienes estaban al tanto de la situación a través de la caja negra del Centro de Coordinación de Emergencias de l’Eliana, que graba todas las llamadas entrantes y salientes.
### La advertencia sobre el caudal del barranco del Poyo
Uno de los puntos más críticos de la declaración de García fue la advertencia sobre el caudal del barranco del Poyo. A las 13:56 horas, se recibió información sobre el caudal que llevaba este barranco, lo que generó una alarma entre los técnicos del 112. En el material audiovisual presentado al juzgado, se puede escuchar a Salomé Pradas, la consellera de Justicia e Interior, mencionando específicamente el barranco del Poyo y expresando su preocupación por la situación. Esta conversación, que se había mantenido oculta durante once meses, revela que los responsables de Emergencias estaban más preocupados por el agua que venía de Buñol que por la intensidad de las lluvias en sí.
García también mencionó que la información sobre el caudal del Poyo fue compartida con los mandos de Emergencias antes de las 14:00 horas, lo que sugiere que había un conocimiento claro de la gravedad de la situación. La gestión de emergencias en este contexto es crucial, ya que las decisiones tomadas en esos momentos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte para muchas personas. La falta de acción o la inadecuada respuesta ante la información recibida puede tener consecuencias devastadoras, como se ha evidenciado en otras crisis similares.
### Implicaciones de la gestión de emergencias
La declaración de García no solo pone de relieve la situación específica del 29 de octubre, sino que también plantea preguntas más amplias sobre la eficacia de la gestión de emergencias en la Comunitat Valenciana. La capacidad de respuesta ante desastres naturales es un tema de creciente preocupación, especialmente en un contexto donde el cambio climático está aumentando la frecuencia y la intensidad de fenómenos meteorológicos extremos.
La importancia de contar con un sistema de emergencias bien estructurado y preparado para actuar rápidamente no puede subestimarse. La experiencia del 29-O debe servir como un llamado a la acción para mejorar los protocolos de respuesta y garantizar que todos los involucrados en la gestión de emergencias estén debidamente informados y preparados para actuar en situaciones críticas.
Además, la transparencia en la gestión de crisis es fundamental. La revelación de que ciertos vídeos y documentos fueron ocultados durante meses plantea serias dudas sobre la rendición de cuentas de los responsables de Emergencias. La confianza del público en las instituciones se ve afectada cuando hay percepciones de falta de transparencia o de ocultamiento de información crucial.
La situación en Catarroja es un recordatorio de que la preparación y la comunicación son esenciales en la gestión de emergencias. Los testimonios y las evidencias presentadas en el juicio no solo son relevantes para el caso específico de la dana, sino que también ofrecen lecciones valiosas para futuras crisis. La comunidad debe estar preparada para enfrentar desafíos similares en el futuro, y esto requiere un compromiso continuo con la mejora de los sistemas de respuesta a emergencias y la formación de los profesionales involucrados en estas labores.
