Junio de 2026 registró 1.028 muertes atribuibles al calor, el peor dato desde 2022. El Sistema MoMo confirma un exceso de fallecimientos sin precedentes. La ola de calor comenzó antes de lo habitual y alcanzó intensidades anómalas. La mayoría de las víctimas tenían más de 65 años, especialmente mayores de 85. Las enfermedades previas, no el golpe de calor aislado, fueron el factor desencadenante principal.
¿Por qué junio 2026 ha sido el peor mes de calor en cinco años?
La mortalidad excesiva no es un dato aislado. MoMo detectó ya en mayo de 2025 el mayo más letal por calor de toda su serie histórica. En junio 2026, los días del 22 al 25 concentraron la mayor carga de fallecimientos. Las temperaturas superaron los umbrales de alerta durante más días consecutivos que en años anteriores. El cambio climático ha acortado el intervalo entre olas y elevado su intensidad media.
¿Quiénes son los más afectados por las olas de calor?
Los mayores de 85 años representan la franja más vulnerable. El riesgo relativo de muerte se multiplica en personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias crónicas o insuficiencia renal. La fragilidad fisiológica reduce la capacidad de termorregulación. Además, muchos viven solos, con acceso limitado a aire acondicionado o atención médica inmediata. Las zonas urbanas con escasa vegetación y alta densidad de edificios de hormigón agravan el efecto isla de calor.
¿Qué dice el marco legal y las políticas públicas?
España carece de un plan nacional de adaptación al calor vinculante y con indicadores obligatorios. El Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) incluye medidas genéricas, pero no establece umbrales de activación, responsabilidades claras ni financiación específica para protección de colectivos vulnerables. Algunas comunidades autónomas, como Andalucía o Cataluña, han activado protocolos locales con alertas por edad y patologías. Sin embargo, no hay coordinación nacional ni evaluación independiente de su eficacia.
¿Cuál es el impacto económico real del calor extremo?
El calor extremo genera costes directos e indirectos. Los gastos sanitarios aumentaron un 18 % en junio 2026 frente al promedio de 2021–2025, según datos provisionales del SNS. Las bajas laborales por afecciones térmicas crecieron un 32 %. Además, se estima una pérdida de 0,4 % del PIB regional en zonas con alta exposición y baja adaptación. La infraestructura energética sufrió picos de demanda que provocaron cortes localizados y sobrecostes en generación eléctrica.
Datos Clave
- 1.028 muertes atribuibles al calor en junio 2026: +24 % frente a 2022 y +620 % frente a 2024.
- El 92 % de los fallecidos tenía más de 65 años; el 61 % superaba los 85.
- MoMo detectó mortalidad excesiva ya en mayo de 2025, el peor mayo registrado.
- No existen normas obligatorias de aislamiento térmico en edificios residenciales antiguos.
- Solo el 38 % de los municipios con más de 50.000 habitantes tiene un protocolo local de calor con seguimiento activo.
El aumento de las olas de calor no es una anomalía: es una tendencia consolidada. La adaptación urbana, la vigilancia epidemiológica temprana y la protección legal de los colectivos vulnerables ya no son opciones técnicas. Son exigencias de salud pública con respaldo en la Directiva Marco de Salud Ambiental de la UE y en los compromisos del Acuerdo de París. Sin inversión estructural, cada junio podría superar al anterior.
