La reciente Asamblea General de la Conferencia de Regiones Periféricas Marítimas (CRPM), celebrada en Barcelona, ha marcado un hito significativo en la cooperación regional europea. Más de 150 autoridades de 24 países se reunieron para firmar una declaración conjunta que busca fortalecer la colaboración más allá del Mediterráneo. Este evento no solo conmemora el 30º aniversario del Proceso de Barcelona, sino que también subraya la importancia de la descentralización en las políticas estatales, especialmente en un contexto geopolítico tan frágil como el actual.
La intervención del conseller de la Unión Europea y Acción Exterior, Jaume Duch, fue clave para resaltar la necesidad de un enfoque renovado hacia la estabilidad del Mediterráneo. Duch enfatizó que los 30 años de cooperación no deben ser vistos como un mero ejercicio de nostalgia, sino como una oportunidad para recordar el compromiso de Europa con la estabilidad en la región. En un mundo donde las tensiones geopolíticas están en aumento, como lo demuestran los conflictos en Gaza y Ucrania, la colaboración regional se vuelve esencial. Duch argumentó que la erosión democrática y la polarización han dejado a las sociedades europeas cansadas y vulnerables, lo que hace que la confianza en las instituciones esté en peligro.
### La Necesidad de un Escudo Democrático
Duch hizo un llamado a que el proyecto europeo actúe como «un escudo democrático» y no solo como un mercado común. En su opinión, las regiones tienen un papel crucial que desempeñar en este contexto, aportando proximidad, rapidez y capacidad de adaptación ante desafíos como la emergencia climática y las migraciones forzadas. Estos problemas impactan primero a las regiones, que buscan escalar sus preocupaciones a niveles más altos de decisión. La interconexión entre el futuro de la Unión Europea y el fortalecimiento de la democracia es un tema recurrente en las discusiones actuales. Sin regiones fuertes, el proyecto europeo podría perder su legitimidad, lo que hace que la cooperación y la descentralización sean fundamentales en la agenda comunitaria.
El presidente de la CRPM, Filip Reinhag, también abordó la importancia de la transformación digital y energética, que está reconfigurando el ecosistema europeo. Reinhag destacó que las regiones deben tener un papel central en la definición de políticas, especialmente en el contexto de la reforma del Acta Democrática Europea. Este proceso es crucial para asegurar que la experiencia territorial se traduzca en mecanismos de gobernanza más sólidos, que evalúen el impacto real de las decisiones tomadas en Bruselas. Reinhag calificó el nuevo Marco Financiero Plurianual de insuficiente, argumentando que limita la participación regional y vacía de contenido la gobernanza más allá de los estados. La falta de un presupuesto que refleje las necesidades de los territorios es un tema que preocupa a muchos líderes regionales, quienes piden más inversiones para mantener la conectividad y fomentar políticas adaptadas a cada región.
### Descentralización y Resiliencia Regional
El vicepresidente del Parlamento Europeo, Javi López, también participó en el cierre de la Asamblea, enfatizando que el debate sobre el presupuesto no es solo técnico, sino que define el modelo de Europa que se desea construir. López abogó por un Mediterráneo que sea un espacio de soluciones, no solo de problemas relacionados con la migración y la seguridad marítima. La región, que se encuentra en la primera línea de los impactos climáticos, necesita una transformación industrial que evite excesivas dependencias.
López posicionó a Catalunya como un «centro estructural» del sur de Europa, destacando su experiencia en transición energética y gestión económica. Argumentó que las regiones no son meras ejecutoras de políticas, sino generadoras de conocimiento y motores de innovación. Una Europa más descentralizada, según López, sería más resiliente ante las tensiones globales y tendría una mayor capacidad para mantener su influencia.
Con la declaración conjunta firmada y la cumbre euromediterránea de regiones a la vista, Barcelona se reafirma como un punto de encuentro para la cooperación territorial europea. Este momento de transición política, económica y geopolítica para la Unión Europea resalta la necesidad de un enfoque renovado hacia la colaboración regional. Las autoridades presentes en la Asamblea han dejado claro que el futuro de Europa depende de la fortaleza y la legitimidad de sus regiones, y que la cooperación y la descentralización deben estar en el centro de la agenda comunitaria.
