Celso Durán, conocido como Metricar, alberga en su vivienda de Paterna la colección más extensa de videojuegos documentada en la Comunitat Valenciana. Más de 8.000 artículos, entre consolas, juegos originales, accesorios y ediciones limitadas, ocupan 50 m². No es un almacén: es un museo vivo, con valor histórico, cultural y económico creciente. Su colección incluye piezas que superan los 3.500 euros en el mercado secundario. Y no las vende.
¿Qué hace única esta colección de videojuegos en España?
Esta colección no solo destaca por su volumen. También por su curaduría intencional y su contexto social. Celso no acumula al azar. Cada pieza refleja una etapa tecnológica, una tendencia cultural o una decisión editorial clave. Desde Nintendo Entertainment System hasta PlayStation 5 Limited Edition, pasando por rarezas de Sega Saturn y Neo Geo, la colección abarca más de cuatro décadas de evolución del entretenimiento interactivo.
La transición de hobby a profesión
Celso dejó su empleo en la industria del automóvil —fabricación de airbags— para dedicarse íntegramente a la divulgación. Hoy genera contenido en TikTok, YouTube, Instagram, X y Twitch, con más de 700.000 seguidores. Su enfoque combina análisis técnico, contexto histórico y narrativa emocional. Esa combinación es clave para su autoridad digital.
¿Cuál es el valor económico real de una colección así?
El mercado de videojuegos retro ha crecido un 217 % desde 2020, según datos de PriceCharting y VGCollect. Piezas como Super Mario Bros. en caja sellada alcanzan los 150.000 dólares. En España, el coleccionismo está regulado por la Ley de Propiedad Intelectual, pero carece de marco fiscal específico para bienes culturales digitales o físicos de entretenimiento. Esto genera incertidumbre en valoraciones, seguros y herencias.
Impacto local y económico
La colección impulsa el turismo cultural niche en Paterna. Visitas guiadas privadas y colaboraciones con centros educativos locales generan ingresos indirectos. Además, Metricar ha impulsado talleres sobre preservación digital, ética del coleccionismo y derechos de autor en emulación, alineados con las directrices de la Comisión Europea sobre patrimonio digital.
¿Cómo se protege legalmente una colección de videojuegos?
No existe una figura jurídica específica para colecciones privadas de videojuegos en España. Sin embargo, se aplican tres marcos:
- La Ley 25/2022 de Patrimonio Cultural, que reconoce el valor histórico de soportes físicos (cartridges, CD-ROMs, cajas).
- El Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), al gestionar bases de datos de inventario.
- La Ley de Propiedad Intelectual, que limita la reproducción, distribución y exhibición pública sin autorización del titular de derechos.
Esto obliga a los coleccionistas a documentar adquisiciones, evitar la comercialización no autorizada y gestionar el acceso con licencias claras.
¿Qué implica la preservación a largo plazo de estos soportes?
Los soportes físicos tienen vida útil limitada. Los cartridges de NES sufren oxidación en contactos. Los discos ópticos se degradan por disc rot. Las baterías de memoria en cartuchos como The Legend of Zelda se agotan. Metricar emplea protocolos de almacenamiento en ambiente controlado (humedad <40 %, temperatura 18–22 °C) y realiza copias de seguridad digitales bajo licencia de ROMs para fines educativos, conforme a la excepción del artículo 31.2 de la Ley de Propiedad Intelectual.
Datos Clave
- Más de 8.000 piezas catalogadas: consolas, juegos, manuales, cajas y accesorios.
- Valor estimado del 5 % más raro: superior a 120.000 euros.
- 700.000+ seguidores en redes sociales; contenido en 5 plataformas distintas.
- Colección reconocida como referencia cultural en la Comunitat Valenciana por la Conselleria de Cultura.
- Sin actividad comercial: cero ventas desde 2022, según declaración pública de Metricar.
El coleccionismo de videojuegos ya no es un pasatiempo marginal. Es un activo cultural, un indicador de tendencias tecnológicas, y un reto para las políticas de patrimonio digital. En Paterna, una puerta al fondo de un pasillo abre no solo a una sala de 50 m², sino a un espejo de la historia reciente de la innovación, la creatividad y la memoria colectiva.
