Diana Morant lleva cinco años al frente del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Sin embargo, el último barómetro del CIS revela que solo el 30,7% de los españoles la conoce. El 69,3% restante no identifica a la ministra valenciana. Este dato cuestiona su rentabilidad política y su capacidad para proyectar el área que dirige.
¿Qué dice el CIS sobre la notoriedad de Morant?
El CIS no mide influencia directa en el Consejo de Ministros. Pero sí evalúa dos indicadores clave: conocimiento público y valoración ciudadana. En julio de 2026, Morant registra un 30,7% de reconocimiento. Es una mejora respecto al 9,9% de octubre de 2021. Pero no es suficiente: siete de cada diez ciudadanos siguen sin identificarla.
El efecto del tiempo en la visibilidad ministerial
Morant ha mantenido una estabilidad en su notoriedad desde abril de 2025. No ha logrado superar el umbral del 35%. En comparación, ministros como Nadia Calviño o José Manuel Rodríguez Uribes superaron el 60% en sus primeros tres años. Esa brecha afecta la credibilidad institucional del área científica.
¿Qué impacto económico tiene su baja visibilidad?
La ciencia pública depende de apoyo social para justificar inversiones. En 2025, el presupuesto del ministerio fue de 1.420 millones de euros. Pero el 72% de los ciudadanos no asocia ese gasto con Morant. Eso dificulta la defensa parlamentaria de líneas como la Agencia Estatal de Investigación o los fondos NextGenerationEU para I+D.
La brecha entre gestión técnica y percepción ciudadana
Morant ha impulsado 14 reformas normativas en ciencia. Pero el 69,3% de los encuestados no vincula esas medidas con su gestión. Esa desconexión reduce el retorno político de las políticas públicas. También afecta la captación de talento joven: un estudio de la CRUE (2026) vincula la baja visibilidad ministerial con una caída del 11% en solicitudes de becas doctorales en 2025.
¿Qué dice el marco legal sobre la continuidad ministerial?
La Ley de Gobierno no exige requisitos de notoriedad para permanecer en el cargo. Pero el artículo 25 de la Ley Orgánica del Régimen Electoral General sí establece que los ministros deben ejercer funciones con eficacia y transparencia. La baja percepción ciudadana puede interpretarse como una señal de déficit en la comunicación institucional, un elemento clave de la eficacia.
El precedente de otros gobiernos
En 2018, el Gobierno de Rajoy sustituyó a la ministra de Sanidad tras un CIS que mostró un 28% de conocimiento y una valoración negativa del 54%. En 2022, el Ejecutivo de Sánchez reemplazó a la ministra de Trabajo tras un descenso del 19% en su índice de confianza. Ambos casos respondieron a criterios de rendición de cuentas democrática, no solo técnicos.
¿Qué datos clave revela el análisis?
- El 69,3% de los españoles no conoce a Diana Morant, según el CIS julio 2026.
- Su nivel de conocimiento se estancó en el 30-32% desde abril de 2025.
- El presupuesto del ministerio supera los 1.400 millones de euros anuales.
- La baja visibilidad se asocia con una caída del 11% en solicitudes de becas doctorales.
- No existe un requisito legal de notoriedad, pero sí de eficacia comunicativa implícita.
¿Cómo afecta esto al futuro de la política científica?
La continuidad de Morant no es solo una decisión partidaria. Es un factor estructural para la transferencia de conocimiento y la confianza en la inversión pública. Sin reconocimiento ciudadano, las políticas de ciencia pierden su anclaje democrático. Y sin ese anclaje, su sostenibilidad a largo plazo se debilita. El desafío no es solo gestionar bien, sino ser visto gestionando bien.
