El juicio por el asesinato del canónigo emérito de la Catedral de València, Alfonso López Benito, ha captado la atención del público y los medios de comunicación. Miguel Tomás V. N., el único acusado, ha negado su implicación en el crimen, alegando que es víctima de una investigación policial deficiente. Durante la última sesión del juicio, celebrada en la Ciudad de la Justicia de Valencia, el acusado intentó convencer al jurado de su inocencia, afirmando que no sabía que el sacerdote estaba muerto cuando tomó su tarjeta y móvil. Según su versión, fue un temporero colombiano llamado Manuel quien planeó el crimen y le entregó los objetos robados. Sin embargo, la policía no ha logrado localizar a este supuesto cómplice, lo que ha llevado a las autoridades a considerar que podría ser un «amigo imaginario».
La fiscalía ha presentado pruebas que sugieren que Miguel estuvo presente en el piso del canónigo la noche del asesinato, argumentando que actuó en complicidad con otra persona no identificada. El fiscal ha solicitado una pena de 28 años de prisión, acusándolo de asesinato, robo con violencia y estafa. Por su parte, la defensa ha reconocido el delito de estafa, pero ha rechazado las acusaciones más graves, argumentando que la investigación no ha sido exhaustiva y que no hay pruebas suficientes para condenar a Miguel.
### La Defensa del Acusado y las Pruebas Presentadas
Durante su declaración, Miguel admitió que conocía al canónigo, pero insistió en que no había mantenido una relación sentimental con él. Describió a Alfonso como una persona respetuosa y afirmó que el sacerdote le bloqueó en su móvil porque no pudo conseguir lo que buscaba con él, a diferencia de otros chicos vulnerables que frecuentaban su casa. El acusado relató que la noche del crimen, salió de casa de su prima y se reunió con Manuel, quien le entregó las tarjetas y el móvil del canónigo. Aseguró que no sabía que Alfonso había sido asesinado y que solo tomó las tarjetas para sacar dinero.
La defensa ha criticado la investigación policial, señalando que no se encontraron huellas de ADN de Miguel en el piso del canónigo y que no se intentó localizar a Manuel ni analizar los dispositivos electrónicos que podrían haber proporcionado información crucial. Además, el abogado defensor ha argumentado que la policía no investigó adecuadamente las llamadas realizadas por la víctima el día del crimen ni revisó las grabaciones de las cámaras de seguridad en las calles cercanas.
Miguel ha expresado su frustración por la forma en que se ha manejado el caso, afirmando que la policía no solicitó permiso para registrar su habitación en el hostal donde fue detenido. A pesar de las contradicciones en su relato, el acusado ha mantenido su postura de inocencia, alegando que no tenía conocimiento del crimen y que su única intención era ganar tiempo al enviar mensajes desde el móvil del canónigo.
### La Reacción del Jurado y el Futuro del Caso
El jurado, que ha estado escuchando las declaraciones y los informes de la fiscalía y la defensa, se enfrenta a la difícil tarea de deliberar sobre la culpabilidad de Miguel. La fiscalía ha insistido en que hay suficientes indicios que demuestran que el acusado estuvo presente en el lugar del crimen y que, aunque no haya pruebas directas de que él cometió el asesinato, sí actuó como cómplice. Por otro lado, la defensa ha enfatizado que el caso está lleno de dudas y que no se puede condenar a alguien basándose en suposiciones.
El abogado defensor ha señalado que nadie merece pasar 28 años en prisión por un caso que presenta tantas inconsistencias. La falta de pruebas concluyentes y la ausencia de un autor material del crimen han llevado a la defensa a cuestionar la validez de las acusaciones. El jurado se reunirá para deliberar y decidir si Miguel Tomás V. N. es culpable o no de los delitos que se le imputan, un veredicto que podría tener un impacto significativo en su vida y en la percepción pública del caso.
