La reciente demanda de un perdón estatal por el bombardeo de Gernika en 1937 ha reavivado un debate histórico en España. Esta solicitud, impulsada por el lehendakari Imanol Pradales, plantea interrogantes sobre la responsabilidad del Estado actual en los crímenes del pasado. Pradales argumenta que el reconocimiento de este hecho es un paso hacia la verdad y la justicia, aunque reconoce que el actual gobierno no es el responsable directo de los actos del franquismo. Sin embargo, la oposición del PSE refleja la complejidad de la situación, ya que el concepto de continuidad institucional se vuelve problemático en el contexto de una guerra civil.
El bombardeo de Gernika, llevado a cabo por la Legión Cóndor, no solo fue un ataque a la población civil, sino también un ataque a la legalidad de la Segunda República. La confusión entre víctima y verdugo se convierte en un riesgo al solicitar un perdón que podría diluir las responsabilidades históricas. La España democrática actual se considera heredera de aquellos que sufrieron el bombardeo, no de los que lo perpetraron. Por lo tanto, el debate sobre el perdón debe ser abordado con rigor histórico y una clara distinción entre los roles de víctima y agresor.