La Policía Nacional ha llevado a cabo una operación que ha resultado en la desarticulación de dos grupos delictivos dedicados al robo de ropa usada en la Comunidad Valenciana. En total, se han detenido a 13 personas, quienes son acusadas de haber sustraído más de 300 toneladas de prendas, valoradas en aproximadamente un millón de euros. Este caso ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las fundaciones sociales que dependen de las donaciones de ropa para llevar a cabo su labor.
### Un Plan Delictivo Ingenioso
La investigación comenzó en junio del año pasado, cuando el responsable de una fundación social dedicada a la inserción laboral de personas en riesgo de exclusión social presentó una denuncia. En su declaración, alertó sobre un aumento significativo de robos en los contenedores de recogida de ropa usada. Los delincuentes, que se hacían pasar por empleados de la fundación, lograban abrir los contenedores sin causar daños visibles, lo que complicaba la detección de los robos.
Los investigadores del grupo de Robos de Valencia identificaron a varios hombres que utilizaban furgonetas de alquiler y vestimenta de trabajo para pasar desapercibidos. Este disfraz les permitía operar tanto de día como de noche, facilitando el robo de prendas en localidades de l’Horta Nord, l’Horta Sud, el Camp de Túria, la Ribera y la Safor, así como en la ciudad de Valencia y otros municipios de Castellón y Alicante.
Durante las vigilancias, se descubrió que los sospechosos contaban con llaves especiales para abrir los contenedores, lo que les permitía realizar robos continuos. En una primera fase de la investigación, los agentes observaron que, tras cargar sus furgonetas, se dirigían a Ontinyent para pesar la ropa sustraída antes de llevarla a una nave industrial en la misma comarca. Este centro logístico estaba preparado para recibir y distribuir las prendas robadas, lo que indica un nivel de organización considerable en sus actividades delictivas.
### Operación Policial y Detenciones
La operación culminó con el registro de la nave industrial, donde la Policía encontró a ocho trabajadores que intentaron ocultarse entre montones de ropa al ser sorprendidos. Este lugar no solo servía como almacén, sino que también contaba con maquinaria industrial, como elevadoras y empaquetadoras, lo que sugiere que la organización estaba bien equipada para manejar grandes volúmenes de ropa.
Además, se detuvo al empresario que lideraba esta red de receptación y distribución de ropa. Este individuo había establecido un entramado societario para exportar las prendas robadas a otros países. En el momento de las detenciones, se incautaron cerca de 2.000 kilos de ropa sustraída, así como otros vehículos utilizados en la operación delictiva. La Policía también encontró llaves que facilitaban el acceso a los contenedores, lo que demuestra la planificación meticulosa detrás de estos robos.
En una segunda fase de la investigación, se localizó otra nave en Alzira, donde se almacenaban diariamente las prendas robadas. En este lugar, se hallaron 200.000 kilos de ropa y otra furgoneta cargada con 2.000 kilos adicionales. La magnitud de los robos es alarmante, ya que se estima que más de 360.000 kilos de ropa han sido sustraídos en total, lo que ha causado un grave perjuicio económico a la fundación afectada.
Las detenciones han llevado a la imputación de 13 personas por robos con fuerza, y a 11 de ellas se les considera también responsables de receptación. Uno de los acusados tiene una orden de ingreso en prisión, y el empresario enfrenta cargos adicionales por violaciones de derechos laborales, dado que muchos de sus trabajadores estaban en situación irregular y sin contrato.
Este caso no solo destaca la problemática del robo de ropa usada, sino que también pone en evidencia la necesidad de proteger a las organizaciones que dependen de la buena voluntad de la comunidad para llevar a cabo su labor social. Las fundaciones que trabajan en la inserción social y la ayuda a personas en riesgo de exclusión se ven gravemente afectadas por este tipo de delitos, lo que puede poner en peligro su existencia y su capacidad para ayudar a quienes más lo necesitan.